La serie The Last Dance redescubre los años dorados de Michael Jordan en los Bulls de Chicago. Pero ese pasado glorioso de los ’90 es eso: pasado. Lo que queda para Chicago Bulls es un presente que pega y duele: sin Jordan, la franquicia es y ha sido una búsqueda permanente y hasta ahora inalcanzable por “volver a ser”. 

Esa nostalgia es pintada con maestría por Richard Roeper, periodista del diario Chicago Sun-Times, que se prendió en un pregunta-respuesta con Mundo D.

–¿Qué se puede decir sobre el equipo de los Chicago Bulls de hoy? ¿Cuál es el destino que planea la franquicia?

–Desafortunadamente, el equipo actual de los Chicago Bulls no se acerca a los legendarios equipos de los Bulls de la década de 1990. Están reconstruyendo el equipo y están muy lejos de convertirse en contendientes. 

–¿Qué dicen los fanáticos del equipo? ¿Todavía extrañan a Michael Jordan?

–Los fanáticos del equipo son leales, pero ¿extrañarán a Michael Jordan para siempre?

–¿Cuánto público suele ir el equipo al United Center?

–En los viejos tiempos, todos los juegos en el United Center estaban agotados. Los Bulls todavía juegan en el United Center, pero la Arena rara vez está llena.

–¿Hay algún empleado de la franquicia que también haya trabajado en los días de Michael Jordan?

–Hay un puñado de empleados de toda la vida que estuvieron con los Bulls en la década de 1990 y todavía están con la organización. El propietario, Jerry Reinsdorf, sigue siendo el propietario. Pero todo el personal de la alta dirección –entrenadores, etcétera–, hace tiempo que se fue. 

–¿Ha estado Jordan alguna vez cerca de ser dirigente de los Bulls?

–Jordan se separó oficialmente de los Bulls cuando se retiró del básquet. Y no “volvió”. Hoy es copropietario de Charlotte Hornets. 

–¿Cómo fue la vida en la ciudad de Chicago después de Jordan?

–Chicago es una ciudad maravillosa y próspera con una gran tradición deportiva, ¡pero nada duplicará la experiencia de vivir en Chicago en la década de 1990, cuando los Bulls tuvieron su dinastía! 

Estos tristes días…

Después de lo planteado por el periodista, es necesario ponerle nombres y apellidos al sombrío Chicago Bulls modelo 2020 (que espera volver a jugar cuando la pandemia lo permita). También hay que ponerle contexto.

Hasta el parate, el equipo había ganado 22 partidos y perdido 43. Cero chances de playoffs: el último clasificado, Orlando Magic, tiene 30-35. De 30 equipos en la liga, los Bulls son los 26º en puntos por partido, 23º en asistencias y 28º en rebotes.  

Su coach es
Jim Boylen
, de 55 años. Es su debut como entrenador principal para un hombre de larga trayectoria como asistente en la NBA. Sus números no son buenos: 39 victorias y 84 derrotas. Medios de Chicago afirman que las figuras del equipo no están a gusto con él y que la dirigencia le busca reemplazante. 

Chicago Bulls tiene un nuevo ejecutivo de operaciones, el griego Arturas Karnisovas. Cosas de la vida: fue el jugador que dejó a Atenas sin la chance de enfrentar a los Bulls de Jordan en el Open McDonalds 1998, en París. Metió un triple sobre la hora en el duelo Panatinaikos-Atenas.  

Karnisovas, más allá del nombre de su cargo, ocupa la gestión que inmortalizó Jerry Krause, el “malo” de The Last Dance, el que se peleaba con Jordan y su ladero, Scottie Pippen. 

Los chicos que no crecen…

¿Quiénes son las figuras de los Bulls? Ninguna que trascienda mundialmente. Ninguna que esté en la elite de la NBA. 

Se destaca el escolta Zach Lavigne (el 8 en la foto de arriba), de 25 años. Vuela como Jordan, pero es lo único parecido a MJ que ostenta. “Famoso” por sus participaciones en los torneos de volcadas de los All Stars Games recientes, ha estado lejos de ayudar a ganar a su equipo. En lo que iba de la temporada promedió dignos números 25.5 puntos, 4.8 rebotes y 4.2 asistencias.

Hay otros dos jóvenes que se destacan, pero que no han lucido como para revolucionar a los Bulls. Uno es el base Coby White (el 0), de pelo despampanante y de irregularidad igual de llamativa. Algo, en definitiva, aceptable para un novato de 20 años. Sus datos: 13.2 puntos, 3.5 rebotes y 2.7 asistencias. 

El otro con futuro es el ala/pivot Wendell Carter Jr. (el otro de la foto de arriba), de 21 años y en su segunda temporada en la NBA. Números “maso”: 11.3 puntos, 9.4 rebotes y 1.2 asistencias. 

El veterano del equipo es Thaddeus Young (el 21), alero zurdo de 32 años, con 12 campañas en la NBA y ningún impacto grande. A veces un grupo de “jugadores de rol” puede hacer magia. No en este Chicago Bulls. No desde hace tiempo. No desde que se fue Jordan, el dueño de la capacidad de contagiar magia. 

El argentino que emocionó…

Desde 1998 hasta hoy, Chicago Bulls ha tenido pocos destellos. Uno de ellos tuvo de protagonista a Andrés Nocioni. El alero argentino era novato en la temporada 2004/2005. Llegaba para ser suplente del último Pippen. Las lesiones terminaron con la carrera de Scottie y, bendecido por la desgracia ajena, “Chapu” hizo lo que siempre hizo: poner garra y básquet. 

En un partido de playoffs ante Washington Wizards, hizo 25 puntos y el público lo ovacionó, “como no se había ovacionado a nadie que no fuera Jordan”, publicaron medios locales. Nocioni estuvo cinco años en unos Bulls que estaban en la conversación para entrar en playoffs

La revolución que no revolucionó…

Sin embargo, Chicago volvió a sentirse con chances de título recién en 2011. Su figura era el base Derrick Rose. Una bestia anotadora, de salto supremo y de carácter jordanesco para momentos bravos. Fue tan picante lo suyo en la campaña 2010-2011 que se convirtió en el MVP de la fase regular más joven de la historia, con 22 años y seis meses. 

Esos Bulls tuvieron el mejor registro de la temporada y lograron el 1 para los playoffs. Llegaron a la final de la Conferencia Este y cayeron 1-4 ante el Miami Heat de Lebron James, Dwayne Wade y Chris Bosh. La jugada de la eliminación fue una tapa dantesca de Lebron al pobre Rose

Fue el inicio de muchas malas para Rose. Empezaría un largo calvario de lesiones en sus rodillas que le sacaron su estatus de superestrella y lo sentenciaron al sitio de promesa no cumplida. Y, acaso por esa maldición, los Bulls lucen igual de mal que en la era pre-Jordan

Sin chispa…

En los minutos finales de The Last Dance, Michael vomita su verdad: “Cuando llegué, éramos un equipo de mierda. Y luego terminamos ganando seis títulos. A veces, hace falta una pequeña chispa para prender todo ese fuego”. 

Más de 20 años después, los Chicago Bulls siguen buscando esa chispa que les dé algo del fuego sagrado jordanesco.   

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