Pagar los sueldos de marzo se convirtió en el desvelo de los que dan trabajo

Miércoles 1° de abril para muchos. Para otros, el 2, el 4 o el 10. El desvelo hoy de quien da trabajo en la Argentina es juntar la plata para pagar los salarios de marzo, un mes en el que un tercio de los días se han visto afectados por la cuarentena. Y el resto de marzo transcurrió a media máquina para muchos, porque las recomendaciones de evitar las reuniones ya se hacían sentir.

Algunos, a duras penas, echando mano a alguna reserva, podrán pagar los salarios de marzo. Otros iniciaron consultas en los bancos para ver si tienen margen de ampliar el descubierto o arriesgarse con las prometidas líneas al 24 por ciento: de un día para el otro debieron cerrar sus puertas y las ventas pasaron a cero. Otros todavía no saben qué harán. Ni cómo imaginar el panorama en abril.

En la Argentina hay unas 650 mil empresas registradas, más decenas de miles que, pequeñas, operan en la informalidad, pero también dan trabajo. Se calcula que apenas el 30 por ciento de la economía se está moviendo, que es la que corresponde a las actividades esenciales, vinculadas a salud, alimentación, agroindustria y transporte. El resto atraviesa un parate profundo sin obtener ninguna respuesta que dé certezas.

Todos esperan un salvataje más concreto por parte de los estados: suspensión de obligaciones fiscales, ampliación de la moratoria actual hasta el 31 de marzo, deducción especial de Ganancias para quienes mantengan la nómina salarial y una pausa gigantesca de todas las cargas de la seguridad social hasta que se reanude la rueda.

“El problema es que está todo parado, los hoteles están cerrados, no hay capacidad de reinventarse ante esto”, dice María Victoria Urribarren, de la empresa Aloña Servicios, que repara las máquinas de lavado de hoteles y de clínicas.

“Anuncian ayudas para las que tienen hasta 25 empleados, pero para nosotros no hay nada”, asegura Horacio, al frente de la cordobesa Crayon, con 32 empleados.

Impresoras: colmado de pedidos, pero sin vender

José María tiene en su casa el celular del negocio: desde que se fijó el aislamiento social obligatorio estalla de pedidos.

Es dueño de Centro de la Impresora, con un local en Villa Carlos Paz y otro en Santa María de Punilla. Vende insumos para impresoras, recarga tinta en los cartuchos y, cuando ingresan al país, comercializa máquinas nuevas.

“Nuestra clientela son personas que usan la impresora, y ahora tenemos un montón de llamadas de clientes que están trabajando en su casa, que nos necesitan, pero no podemos abrir”. La situación de cuarentena nos hubiera favorecido por nuestra especialidad, pero así no podemos”, se lamenta.

No tiene ingresos, tiene un montón de trabajo potencial que no atiende y, mientras tanto, las obligaciones por pagar siguen en pie.

El negocio tiene dos empleados a la mañana y uno a la tarde. “Todos los meses, del 1 al 5, me veo en la obligación de pagar los sueldos. ¿Y la luz? ¿Me la van a cortar si no la pago? Y si no la pago, ¿voy a tener intereses por la demora? Siempre se habla de los que no tienen nada o de las grandes empresas, pero nunca se habla de los que estamos en el medio, nunca se habla de nosotros”, se lamenta.

“El 1° de abril tengo el vencimiento de aportes patronales, tengo muchas dudas y en el medio no tenemos las cuentas claras”, describe.

Él vivió 20 años en el norte de Italia y su hija está ahora en Roma, donde la pandemia está descontrolada. “Allá el Estado paga por nueve semanas el fondo de desempleo y el empleador se despreocupa”, compara.

Calzado de cuero: cerrado y sin turistas

Jorge Césped está al frente de la empresa familia Cerro, que vende calzados de cuero para hombre, todos hechos a mano.

El 80 por ciento de su producción se vende en shoppings, en peatonales y en las coquetas boutiques de Recoleta y de Palermo, donde abunda el turismo internacional. Hoy, todo cerrado.

“Ahora todo eso está cerrado; lo único que tenemos es la venta on line, pero no podemos entregar, así que estamos totalmente paralizados”, cuenta el fabricante de las populares botas de los años ’80.

Su calzado, además, se usa para casamientos, reuniones, eventos a los que se debe ir bien vestidos. “Todos esos escenarios están a cero”, se lamenta.

“Estamos muy preocupados porque no hemos visto nada, tengo amigos zapateros en Italia y realmente no hemos visto nada a nivel salud y contracción de la economía”, se resigna este hombre, con la imagen en su cabeza de las villas de Lanús Oeste, las que recorre con frecuencia porque es zona de curtiembres. “Son callejones angostos, todos ranchitos, con un solo pico de agua en la entrada. Si el virus entra ahí, es imparable”, grafica.

Como todos, la preocupación es pagar los sueldos. Paga por quincena y a la primera la pudo pagar. “Hasta la segunda quincena creo que llegamos, con alguna reserva vamos a pagar, pero ahí veremos, hay que ir viviendo el día a día”, sostiene. “Para mí, va a haber una catarata de cierres de negocios, procedimientos preventivos de crisis, cheques caídos, convocatorias de acreedores”, advierte.

Ropa infantil: sin facturar y mucho por pagar

El ánimo en la empresa Crayon, una pyme familiar de 32 empleados que hace ropa para chicos, es el de abandono. “No hay ningún tipo de comprensión con la situación. Si esto sigue así, vamos a caer todas las pymes”, dice Horacio, al frente de la marca junto con Alejandra, su esposa.

Tiene seis locales propios y venta mayorista en todo el país. “Los inconvenientes son innumerables, tenemos cero ingresos y siguen cayendo las obligaciones; la primera preocupación es el tema sueldos”, cuenta. No hubo ingresos suficientes como para completar marzo. En el famoso 931, tiene 1,4 millones de pesos, más todos los aportes y las contribuciones.

“Lamentablemente, las medidas económicas nacionales y provinciales que se están tomando no contemplan a las pymes, parece que habrá para las de menos de 25 empleados. No veo la forma de hacer frente a los sueldos con cero ingresos y sin líneas de crédito, ayuda, prórroga o algo, porque hay rubros que estamos fuera de todo”, dice Horacio.

Su contador le asegura que en la web de la Afip no hay ni una sola novedad: todo tal cual, como antes de la cuarentena. Tienen el shop on line en la página, pero los cadetes no pueden entregar esa paquetería porque la ropa no es parte de la actividad esencial, exceptuada en el decreto nacional que fijó la cuarentena.

Sin ingresos, en la empresa saben que los cheques vendrán rechazados, aunque en los bancos les dijeron ayer que no habrá multas ni obligación de informar al Banco Central.

Paralizado. Comerciantes y Pymes, en estado de desconcierto. (La Voz)
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